viernes, 22 de enero de 2010

Mezcal de dos cuadras.

Todo inició ese viernes en la madrugada, a pesar de hacer mucho calor en la región, esas madrugadas eran realmente frescas, pero la gente está mas que acostumbrada a salir a las 3:30 de la mañana para poder dedicarle el día completo a las compras y pendientes en aquella zona de la costa.

Es en estos momentos en que me convenzo que realmente existe un Dios, y le puedo dar gracias por esa belleza que nos brinda la naturaleza; Oaxaca es uno de los Estados mas impresionantes en variedad de climas, en flora y en fauna. Todas mis preocupaciones y agobios al sentirme desubicado en aquel lugar recóndito quedan atrás. Me queda poco tiempo aquí, ahora que empezaba a hacer amistades; aquel profesor rural con el que tuve una discusión muy larga y que mi determinación para el en contradecirlo, le hizo invitarme unos "curaditos"; (que en realidad son su mayor tesoro) para poder amenizar la plática.... a que platicas, por ratos me veía enajenado en defender mi posición y creo eso precisamente le alentaba a continuar la plática.

Me decía que era yo un mayor en cuerpo de joven, las platicas se volvieron una rutina, claro que el tenía que respetar mi horario. Primero era cumplir con el basquet, en el que mas de una vez acabé con el ojo morado o si bien me iba, con moretones en los brazos y piernas y después las sesiones de platica. Conforme pasaban los días fuimos bajando los niveles de esa gran colección de mezcales aromatizados con yerbas de olor algunos; y de frutas, otros.

En una ocasión aquel viejito necio me puso a prueba al ver que compartía el gusto por el mezcal y me dijo, mira amigo tu cuarto queda a tres cuadras te voy a dar un curadito de dos cuadras para que pruebes algo realmente bueno. Solo que prométeme que te iras directamente a dormir, porque no quiero tener en la conciencia a un muertito para el fin de semana. Claro que sus argumentaciones de que el dichoso preparado me provocaría una embriaguez en dos cuadras exactamente, me parecía exagerado. Así que le pedí un vaso de aquel dichoso preparado.
Vi que mezcló un poco del curado de nanche, algo del de cedrón y no se que otra le aeregó, el caso es que salí de aquel cuarto de charlas, convencido que aquel preparado no me haría ni mella o al menos que si acaso solo contribuiría un poco mas a la embriaguez que ya de por sí llevaba.

Probé el primer sorbo y realmente sabía exquisito y no raspaba la garganta; no se si por el sabor frutal o porque los primeros mezcales que me tomé, estaban mucho mas fuertes. Sin ninguna contemplación apuré el contenido de aquel vaso y continué caminando. No había avanzado mucho, cuando empecé a sentir que las piernas no querían responderme, avancé un poco mas y me percaté que en ese momento me sentí perdidamente borracho, no supe mas, lo único que recuerdo es que lo máximo que lo logré caminar en mis sentidos fueron exactamente dos cuadras, supongo que llegué arrastrándome a mi cuarto, porque al día siguiente mis ropas estaban entierradas y demasiado sucias.

Desde entonces, guarde un respeto hacia aquel camarada tan peculiar con el que entretenía mi tiempo discutiendo y opinando sobre diversos temas.
Hoy que ya estas muerto, te saludo querido amigo, viejo, llegaste justo en el momento en que empezaba a desesperarme de mi situación en ese lugar. Lo único que me complace es que a pesar de todo, siento que te afectó en gran manera mi opinión, la muerte te llegó cuando, a pesar de tu edad, pretendías una etapa nueva de superación.